jueves, 25 de septiembre de 2008

LOS NUEVE ESTADOS EN COLOMBIA

Luego de las guerras de independencia dadas en el territorio Colombiano durante el Siglo XIX, y reunificada la Patria en República Unitaria conforme los textos de la Constitución de 1886; segregada Panamá y finalizada la guerra de los mil días; Los vientos de las reformas políticas y Sociales advenientes de la Revolución Rusa; La Primera y Segunda Guerras mundiales; es fácil ver por cualquier desprevenido analista, el fraccionamiento de la unidad nacional, territorial y de poder, surgiendo nueve estados claramente definidos:

Primer Estado: El Estado propiamente dicho: Cuyo “...poder es relativo...” (Andrés López R.) Conforme con los estudios internacionales de la Universidad de Massachusetts, “Colombia es un estado fallido” (Cadena Caracol, Ed. De julio de 2005) por las precarias condiciones sociales y económicas de sus habitantes, que según las estadísticas oficiales más del 52% de la población, es decir, 26.000.000 de habitantes son pobres de los cuales más de 15.000.000 viven en la pobreza absoluta, no tienen empleo, ni vivienda, ni salud, ni alimentación (comen cartón y papel); no tienen acceso a la educación. El campo, la industria, el comercio, las profesiones liberales y aún las técnicas, fueron diezmadas por la apertura económica acelerada. Las permanentes alzas en los productos de primera necesidad, la reformas tributarias, han hecho inviables toda actividad productiva. El País se ha descuadernado, al decir de muchos.

Segundo Estado: El de las Guerrillas (FARC, ELN, EPL, y otros), cuya vigencia en acciones bélicas se remonta a más de 50 años, ocupan importantes porciones de territorios abandonados por el Estado Colombiano e imponen sus propias leyes, “su propio derecho” (Justicias alternativas) al igual que los otros estados dentro de las mismas áreas geopolíticas, en las que se han acomodado unos y otros.

Tercer Estado: El de “los Paramilitares” o “autodefensas” que se conforman como reacción a la ausencia del Estado Colombiano de ciertas regiones en donde operan los grupos de guerrillas. Ernesto Baez, orientador político del movimiento, en el Colombiano del 4 de julio de 2004, pag. 7ª. Dijo : “ Las autodefensas en su condición de grupo armado no desarrolla su proyecto en el barrio el Chicó de Bogotá o en el Poblado en Medellín. El proyecto antisubversivo tiene como escenario regiones marginadas. Allí hemos construido otro Estado.”

Cuarto Estado: El Estado del Gran Capital: Constituido por quienes detentan las medios de producción, financieros y de servicios, que imponen sus condiciones a toda la población, (Léase el libro “Mi confesión” de Carlos Castaño) sin que existan medios de control efectivos contra sus abusos.

Quinto Estado: El de la Corrupción administrativa: Ocupa Colombia una posición importante en los estudios internacionales sobre el tema. Gustavo Alvarez Gardeazábal, en Telecafé, abril de 2005, manifestó: “...no sabía que para Gobernar hay que robar.

Sexto Estado: El de la violencia jurídica: Representada en el creciente fenómeno de las vías de hecho judiciales en todos los niveles, identificado entre otros documentos en una sentencia de la Sala Penal del Tribunal del Quindío, donde se habló de este flagelo en Colombia. Personas inocentes condenadas, homónimos con dificultades ante las autoridades por su desidia, negación de práctica de pruebas que menguan el derecho de defensa, el desconocimiento de los derechos fundamentales. Ante la baja calificación internacional de la operatividad de la Justicia en Colombia, se habló de la “deficiencia jurídica”

Séptimo Estado: La delincuencia común: fenómeno creciente que presenta varias modalidades y extendida por todo el territorio, ante las difíciles condiciones individuales, familiares, sociales, económicas de las grandes masas populares; la falta de posibilidades de estudio y trabajo.

Octavo Estado: La delincuencia organizada: Grupos conformados de manera especializada, con estructura y jerarquía, cuyo objetivo es la comisión de toda clase de desafueros, que han montado verdaderas empresas del delito. El Gobernador de Casanare, el día 8 de mayo de 2005, manifestó: “...para nadie es un secreto el vandalismo de la delincuencia organizada...” (Cadena Caracol) y el Alcalde de Quimbaya, ante una situación delicada de orden público en su municipio, dijo: “...la delincuencia organizada debe ser contrarrestada con inteligencia...”



El noveno Estado, es el de los malos Poetas, que según análisis de un crítico literario Francés, ascienden al 98%, de quienes se dedican a esta actividad, de la cual fueron maestros los clásicos y que nosotros sólo tenemos que soportar con resignación Cristiana o estoicismo, en unión de los anteriores estados.

La tarea titánica y patriótica de los Colombianos, estará en unificar estos “estados”, en un gran esfuerzo de fortalecimiento de la democracia, el ataque frontal a las injusticias sociales, la apertura a las oportunidades sobre la satisfacción de las necesidades básicas de la población, como factores exógenos y endógenos de la criminalidad.

El Comandante de la Tercera División del Ejército General Hernando Díaz San Miguel, en 1985, decía en memorable discurso: “...Colombia debe ser un sólo estado y debe tener un sólo ejército...”

El Constitucionalista Alemán, Mathias Herdegen, dice: “...Los alemanes somos conscientes de los grandes desafíos que ha tenido que enfrentar Colombia y de sus grandes avances hacia la consolidación de un estado de derecho. Sin embargo, es todavía un Estado débil que tiene que luchar por ejercer su plena presencia en todo el territorio nacional, y porque aún existen muchos ciudadanos acorralados por una delincuencia con camuflaje político...” (Espectador del 10 –16 de Julio del 2005)

El columnista del Espectador Andrés López Restrepo, en su artículo “Paz posible y paz deseable”, dice:”...Es claro que Colombia debe eliminar todos los factores de criminalidad y violencia, incluido el paramilitarismo. Pero no basta con desearlo; para conseguir ese objetivo es necesario contar con instituciones fuertes y efectivas. Mientras el país no cuente con ellas puede justificarse la negociación con los criminales y los violentos, siempre que el costo que paga el Estado en términos de impunidad sea inferior al beneficio que se recibe por la disminución de la criminalidad y la violencia...” (Julio 10 – 16, 2005)

Sólo nos resta tener fe en la fortaleza y carácter de los Colombianos.


Jesús E. Campillo P.
Calarcá, Julio 27/2005

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